El río en llamas. Nueva Obra de Teatro en El Montacargas.

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Cruzando el río Manzanares dirección Extremadura, hay un edificio que parece una casa okupa pero que es un teatro que lleva puesto un traje de honradez de color cultura fuera de la raya. Sala alternativa de teatro El Montacargas, “dando guerra desde 1993”. Metro Puerta del Ángel.  

El poder, la necesidad de éxito, la corrupción moral y política, la ambición con los frenos cortados, las tramas ocultas que ponen en evidencia la ignorancia de quién controla instrumentos de decisión, las monarquías, las preocupaciones privadas transformadas en urgencias públicas, etc. etc. etc. Estas temáticas, y otras relacionadas, se discuten a diario, a todas horas y en todos lados, y son aprovechadas para ser retratadas en las artes escénicas, porque el arte es indisociable de la realidad y de su presente. El público agradece (alguno), los artistas y directores estarán embriagados de goce. Primero porque no se puede dejar escapar un tema tan fuerte, tan atractivo, y tan emocionante de trabajar (por lo que parece), como es la denigración de la clase política, de los símbolos de poder, de las instituciones, etc. Segundo porque el mundo de la cultura tiene una fantástica oportunidad de crear textos humorísticos fuertes y funcionales y al mismo tiempo de burlarse de todo esto con una sonrisa despectiva. De burlarse de los que muchos actores, productores, etc., consideraran los principales culpables del deterioro del mundo profesional y artístico donde, y del cual, viven. ¡La cultura se venga! Se venga de ser la prima pobre de los presupuestos anuales. Se venga de la falta de integridad moral y sentimental de quién solo quiere invertir en reality shows, conciertos de Navidad y Juegos Olímpicos. Se venga de años en los que la pauta a seguir era la del político poderoso, del comercial sin escrúpulos, del jefe déspota con un cochazo flipante. Se venga de todos ellos. Se venga de ser la primera en ser recortada en la Era de los recortes. Se venga de todo, de todos y de cada uno. Les escupe en la cara y el público se ríe (sin saber si debería llorar a su vez). ¡Se vengael rio en llamas!  Y se venga aún con más fuerza porque sabe perfectamente que difícilmente será esto lo que prolongue la vida a muchos teatros, a muchos actores. Se venga porque sabe que difícilmente el modelo cambie incluso si cambian los “modeladores”. Por eso se venga duramente, sin piedad, sin misericordia, sin palabras “políticas”. Pero lo hace con humor. Lo hace con el humor de los nobles de espíritu. Se coloca en el pedestal de la ironía para no tener que bajar al mundo fétido e inmundo. Se coloca la armadura del humor para protegerse de los colmillos de los perros de la avaricia. Un humor ácido, corrosivo, desnudando trajes y corbatas, poniendo la ignorancia al desnudo. Humor contra la crisis y sus recortes. Humor contra robos legalizados. Humor contra reyes de las selvas. Humor. Humor de inicio a fin, ¡porque sólo de esa manera puedes asistir a todo esto sin querer estrellar un coche con bombonas de gas en el maletero!

“El río en llamas”, de Miguel Murillo en El Montacargas. ¡Cruza el río! También hay vida fuera del Madrid de los Austrias. Te la recomendamos tirándote de la oreja hasta allá.

Programación Teatro El Montacargas

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