La estatua de la plaza de Cascorro en el Rastro

 cascorro[1]Cascorro es el nombre de un municipio de Cuba, que da también nombre a la mítica plaza del Rastro. Los domingos llegan a la Plaza de Cascorro vendedores, madrileños y turistas, manteniendo viva una de las tradiciones más populares de Madrid, el Rastro. A todo este lío de gente, de compras, de ventas y de gritos asiste, desde arriba, la estatua de Eloy Gonzalo.

Rastro Madrid 006[1]Según se cuenta, Eloy Gonzalo ha tenido una vida de héroe popular. Abandonado por su madre nada más nacer, ha llevado a cabo una acción en su corta vida que le hizo famoso en su ciudad natal, Madrid. Murió en Cuba, pero antes, luchó allí por las tropas españolas, al lado del Regimiento de Infantería María Cristina, durante la Guerra de Independencia. 

De bebé fue abandonado por su madre, “entregado” al cuidado de La Inclusa, una institución religiosa. Posteriormente adoptado por una familia, tuvo desde joven que buscarse la vida, pero al parecer sin gran fortuna inmediata, por lo que decidió alistarse en el ejército.   Eloy-Gonzalo[1]

Ya alistado en el ejército, una pelea, por una mujer, entre Eloy Gonzalo y un oficial, le lleva a prisión. “Cuando, una noche de 1895, se dirigía a encontrarse con su prometida, Eloy la pilló en flagrante infidelidad con un superior suyo, un teniente al que amenazó con su arma reglamentaria. La falta le costó la expulsión del cuerpo y una larga condena en la cárcel militar de Valladolid”, una condena de 12 años.  (¿Que pretendía el teniente? ¿Que le hiciese el saludo militar ante tal escenario?)

El madrileño decide entonces abrazar el indulto a los militares prisioneros y embarcar rumbo a Cuba para luchar en 1896 en la batalla contra los insurgentes. Tenía 27 años. Y es allí, precisamente en la villa de Cascorro, donde el soldado lleva a cabo la decisiva acción que le hace tener una estatua en un local tan castizo, popular y concurrido de Madrid.

                En una situación duramente adversa a los españoles durante la Guerra, “el capitán, Francisco Neila de Ciria, concluyó que las únicas opciones que quedaban eran bien rendirse o bien incendiar un edificio que los cubanos usaban como bastión.”  Eloy Gonzalo se ofrece entonces voluntario para provocar el incendio. Con su caja de gasolina, su antorcha y una escopeta a la images[2]espalda, se acercó al edificio donde estaban los “insurgentes” cubanos, regó parte del edificio y le prendió fuego. Un éxito militar para él, para sus compañeros, para su comandante, para sus gentes en la isla, para su ciudad, para su nación, y, seguramente, para cierto alivio del rey de la época. (Rey, que recibiría las noticias sentado en su trono, o, también él, el rey, de escopeta en mano como un valiente guerrero, pero en la caza, en su coto privado en los alrededores de Madrid)

El soldado madrileño llevaba puesta a la cintura una soga, también representada en la estatua, que, sirvió para que sus compañeros de armas le arrastrasen hacía ellos en caso de resultar herido en tal intento, lo que efectivamente acabó por suceder. España perdió la guerra. Madrid ganó un héroe. Posteriormente recibió el Eloy la Cruz de Plata al mérito militar. (Pero fue su capitán, el capitán Neila, quien fue ascendido a comandante)

images[3] “Gracias a aquella valerosa acción, los españoles pudieron aguantar hasta que una columna de refuerzo irrumpió y los liberó tras haber sufrido un asedio de 13 días.” Nueve meses después, moriría Eloy en un hospital de Cuba. En unas fuentes aparece que murió a consecuencia de las heridas, en otras, que fue a consecuencia de una colitis por débil alimentación.

(Las sociedades necesitan héroes en momentos específicos. Ejemplos para que uno se aliente. Fuerzas de otros que sean también las fuerzas de uno. Victorias ajenas transformadas en nuestras propias alabanzas. En la victoria, la unidad del conjunto gana a las separaciones individuales. El-Rastro[1]En la victoria no hay altos ni bajos, no hay ricos ni pobres, no hay jefes ni empleados, no hay leche ni café, no hay chorizos ni tortillas, no hay defensas ni delanteros, no hay empresas ni suscriptores , no hay paro ni cuentas para pagar, no hay melenas ni calvos, no hay vegetarianos ni caníbales. En las victorias no hay nada de eso y mucho más. Pero en la victoria, muchas veces, hay banderas, hay patrias, hay himnos, y hay unos más fuertes que otros, o eso dicen. Y muchos se alegran de que las estatuas de héroes militares vayan escaseando en los talleres de escultura.)

La estatua de Eloy Gonzalo fue inaugurada por el Rey Alfonso XIII en 1901, y la plaza se llama Plaza de Cascorro desde 1941. Existe igualmente en Madrid la calle Eloy Gonzalo, entre las glorietas de Quevedo y del Pintor Sorolla.

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